Viaje a Queros Selva
Experiencia Comunidad de Queros
Cusco, 7 de la mañana. Me levanto con mucha ilusión con destino a la estación de autobuses para partir a Pilcopata, las puertas de la selva peruana. Este pueblo no queda tan lejos de Cusco pero las 9 horas de viaje se deben a la dificultad del camino que baja serpenteante en todo momento. La incomodidad y dureza del viaje en el bus se ve compensada con la grandiosidad del paisaje. Cruzando el bosque nublado en el último tramo del trayecto donde rápidamente entendí el origen del nombre debido a la espesa niebla que siempre se encuentran es este espectacular y virgen valle. Se respira un ambiente místico y de pura naturaleza donde el hombre se ha visto privado de su afán de urbanización.
Finalmente después de cruzar por distintas aldeas llegamos a Pilcopata, donde solo bajar del bus se respira un ambiente muy húmedo pese a ser ya las 7 de la tarde. Ahí me encuentro con Walter, el chico que me había facilitado el contacto con la comunidad de Queros. Me lleva a un hostal de madera muy bonito para que deje mis cosas y descanse un poco.
Después de una fría ducha muy refrescante salgo del hostal a buscar a Walter para ir a cenar algo. De camino noto que no hay muchos turistas y noto que la gente se fija en mi, pero siempre en un ambiente agradable y sin la, a veces habitual, sensación de ser ajeno al lugar.
Vamos a cenar a un restaurante del pueblo donde nos comemos un típico menú peruano con sopa y un estofado de carne con papas. Muy rico todo, en Perú se come muy bien y no hace falta recurrir a ningún restaurante cara para comprobarlo. Mientras cenamos me empieza a explicar un poco la historia de la comunidad y su relación con el pueblo de Pilcopata. Mas tarde damos una vuelta por el pueblo donde parece que toda la gente se encuentra en la calle, a un ritmo tranquilo pero con movimiento constante. Vamos al mercado, compramos unas frutas para el camino del día siguiente y pronto a la cama que el viaje ha sido agotador.
Al día siguiente nos juntamos bien temprano para hacer el camino de unas 3 horas hacia la comunidad. Después de desayunar en el mercado, donde me resulta imposible acabar con mi plato, nos dirigimos Walter, su hermano y yo camino a Queros. Hace mucho calor aunque el sol aún no esta muy alto pero el camino es suave y llevamos un ritmo muy tranquilo para poder observar el nuevo y espectacular entorno para mí.
Durante el trayecto voy conociendo la diferente flora donde destacan los plataneros, lechos, la planta de la yuca y el choclo y flores bien llamativas. También logramos avistar a ciertas aves a la distancia. No puede resistir la tentación de no parar de hacer fotos a todo lo que veo, supongo que al fin lo que quiere mi conciencia es intentar recordar esta vivencia con el máximo posible de detalles.
A medio camino nos encontramos a Chuco, un niño de la comunidad que nos acompaña hasta la aldea. Cuando llegamos al río hacemos una parada para refrescarnos con un baño y nos comemos una rica piña, después de un rato de descanso cruzamos el río para proseguir hacia la comunidad.
Finalmente llegamos después de cruzar los cultivos a la aldea que esta formada principalmente por dos zonas con unas casitas de madera muy acogedoras con el tejado hecho de paja y barro. La mayoría están formadas por dos habitaciones, la cocina comedor, con el fuego en un rincón y la mesa en el centro y el dormitorio. Todo es muy sencillo, pero uno se da cuenta de la inmensidad de cosas innecesarias con las que vive en las ciudades. Este lleno de gallinas y polluelos revoloteando por los alrededores, también vive Carlos en la aldea, un loro que no puede volar y ellos lo alimentan.
No hay mucha gente en la comunidad ya que es sábado y los niños están en Pilcopata y los mayores también han ido a vender los productos al pueblo. Después de dejar las cosas y saludar a la gente vamos directos al río para remojarnos un poco, el río Queros pasa por al lado de la comunidad y como esta recién empezando la época de lluvias no baja muy fuerte aún. Alrededor de las 12 el calor es muy fuerte ya y resulta difícil moverse sin sudar. Después de comer nos estiramos un rato hasta que el sol afloje un poco.
Por la tarde salimos a dar una vuelta para conocer los distintos cultivos que tienen, principalmente se cultiva choclo y yuca en la zona, los principales alimentos de la aldea junto con lo que se caza cada día. En nuestro recorrido conseguimos ver un gallinazo, ave de la familia del cóndor, con su majestuoso vuelo.
Cuando el sol empieza a cae volvemos para cenar carne y yuca preparada en tupa, una trozo de caña que se pone directamente al fuego y cocina al vapor. La verdad es que se nota la diferencia y le da toque sabroso, este es el método que utilizaban antiguamente cuando no tenían ollas, y que aún perdura en la actualidad.
Después de cenar pasamos un rato mascando coca y fumando tabaco con otros hombres de la comunidad. Uno de ellos ha avistado un caimán en una laguna cercana y vamos a verlo, salimos cada uno con una linterna y esta lleno de insectos el camino. También empezamos a cazar unas ranitas que dicen que se comen, en un rato conseguimos unas 10 ranitas. Estas son muy bonitas con unos colores grises y amarillos. Este será nuestro desayuno de mañana.
El día siguiente nos despertamos con el sol en una tranquilidad muy reconfortante, nos damos una ducha y vamos a desayunar, una mujer de la comunidad ya nos tiene la comida lista, un poco de carne con yuca y las ranitas de la noche anterior. Después de comer abundantemente vamos a realizar una excursión por los alrededores, el camino cada vez se vuelve más estrecho y la vegetación te envuelve. Supongo que debe ser muy complicado mantener el camino limpio de plantas ya que la vegetación es muy tupida y de seguida avanza. No pierdo ninguna oportunidad de sacar fotos. Visitamos la tumba del curandero de la aldea que murió hace 4 años. Me explican un poco su vida, este siempre iba acompañado por un puma y es por este motivo que la tumba esta decorada con la figura de un puma en su cabeza. Por el camino de vuelta encontramos unos gusanos que me dicen que se comen también, esto si que me resulta bien extraño par mí, pero igual tengo ganas de probarlos. Después nos dirigimos a los cultivos de las plantas sagradas que utilizan para curar distintas enfermedades, la verdad es que con esta gran variedad de especies y un buen conocimiento de ellas se puede obtener casi cualquier remedio. Aquí la gente sabe aprovechar lo que la naturaleza les da para vivir y sin necesidad de maltratarla.
De vuelta a la aldea, hay taller de artesanía donde me enseñan como Construían las flechas antiguamente, a base de piedras para pulir, una caña y una madera resistente y dura para la punta. Es un trabajo que requiere paciencia, se debe ir trabajando la madera hasta reducirla a una forma cilíndrica que encaje dentro de la caña y después se debe afilar la punta. Realmente obtienen unas buenas flechas. Me enseñan a tirar en arco y al poco rato se me empieza a dar mejor y acabamos jugando un rato a hacer puntería.
Por la tarde hay otro taller, esta vez lo dan las mujeres, que me enseñan como hacen unas cestitas y unas bolsitas de un hilo sacado de las fibras de un árbol. Realmente es muy trabajoso hacer una bolsa de estas y me explican que no es muy rentable venderlas porque la gente no sabe el trabajo que conlleva. Se pueden demorar una semana para hacer una bolsa de unos 20 cm.
Hoy en la comunidad ya hay más gente, los niños son encantadores y divertidos. No paran de jugar conmigo, supongo que para ellos es algo muy especial que llegue alguien de afuera a la comunidad. Después nos vamos todos juntos al río a jugar un rato.
Empieza a ponerse el sol, cosa que indica que pronto cenaremos. Los gusanos están muy ricos, una grata sorpresa, al verdad. Después de un rato hablando, un hombre canta unas canciones en wachipaeri. El día ha sido completo y estamos cansados así que nos vamos pronto a dormir.
El día siguiente hay que regresar para Pilcopata y emprender el viaje hacia Cusco, por mucho que me desagrade la idea. Nos despertamos con el ruido de una lluvia intensa que me deprime en un primer momento. Luego lo acepto ya que no queda otra, vamos la escuela y me explican un poco el origen y las distintas tribus que habitaban la zona.
Vamos un rato a la casa de unos aldeanos para esperar que pare un poco la lluvia, cosa que me parece bastante improbable viendo como llueve y ya empiezo a pensar lo mojado que llegaré en el camino de regreso. Para mi sorpresa en unas horas para de llover y sale el sol un muy poco tiempo. Finalmente comemos algo con la tristeza de que ya se acaban la experiencia en la comunidad.
La verdad me gustaría poder quedarme a vivir una temporada en la comunidad para así realmente conocer a su gente y su modo de vida. Pero para ahora me es imposible, así que algún día volveré a Queros si me reciben para quedarme una temporada más larga.
Despedirme dando las gracias a Walter, Freddy y a toda la comunidad por haberme recibido y por haberme dado la oportunidad de conocer su gente, su cultura y su agradable comunidad.
Oscar
Cusco, 7 de la mañana. Me levanto con mucha ilusión con destino a la estación de autobuses para partir a Pilcopata, las puertas de la selva peruana. Este pueblo no queda tan lejos de Cusco pero las 9 horas de viaje se deben a la dificultad del camino que baja serpenteante en todo momento. La incomodidad y dureza del viaje en el bus se ve compensada con la grandiosidad del paisaje. Cruzando el bosque nublado en el último tramo del trayecto donde rápidamente entendí el origen del nombre debido a la espesa niebla que siempre se encuentran es este espectacular y virgen valle. Se respira un ambiente místico y de pura naturaleza donde el hombre se ha visto privado de su afán de urbanización.
Finalmente después de cruzar por distintas aldeas llegamos a Pilcopata, donde solo bajar del bus se respira un ambiente muy húmedo pese a ser ya las 7 de la tarde. Ahí me encuentro con Walter, el chico que me había facilitado el contacto con la comunidad de Queros. Me lleva a un hostal de madera muy bonito para que deje mis cosas y descanse un poco.
Después de una fría ducha muy refrescante salgo del hostal a buscar a Walter para ir a cenar algo. De camino noto que no hay muchos turistas y noto que la gente se fija en mi, pero siempre en un ambiente agradable y sin la, a veces habitual, sensación de ser ajeno al lugar.
Vamos a cenar a un restaurante del pueblo donde nos comemos un típico menú peruano con sopa y un estofado de carne con papas. Muy rico todo, en Perú se come muy bien y no hace falta recurrir a ningún restaurante cara para comprobarlo. Mientras cenamos me empieza a explicar un poco la historia de la comunidad y su relación con el pueblo de Pilcopata. Mas tarde damos una vuelta por el pueblo donde parece que toda la gente se encuentra en la calle, a un ritmo tranquilo pero con movimiento constante. Vamos al mercado, compramos unas frutas para el camino del día siguiente y pronto a la cama que el viaje ha sido agotador.
Al día siguiente nos juntamos bien temprano para hacer el camino de unas 3 horas hacia la comunidad. Después de desayunar en el mercado, donde me resulta imposible acabar con mi plato, nos dirigimos Walter, su hermano y yo camino a Queros. Hace mucho calor aunque el sol aún no esta muy alto pero el camino es suave y llevamos un ritmo muy tranquilo para poder observar el nuevo y espectacular entorno para mí.
Durante el trayecto voy conociendo la diferente flora donde destacan los plataneros, lechos, la planta de la yuca y el choclo y flores bien llamativas. También logramos avistar a ciertas aves a la distancia. No puede resistir la tentación de no parar de hacer fotos a todo lo que veo, supongo que al fin lo que quiere mi conciencia es intentar recordar esta vivencia con el máximo posible de detalles.
A medio camino nos encontramos a Chuco, un niño de la comunidad que nos acompaña hasta la aldea. Cuando llegamos al río hacemos una parada para refrescarnos con un baño y nos comemos una rica piña, después de un rato de descanso cruzamos el río para proseguir hacia la comunidad.
Finalmente llegamos después de cruzar los cultivos a la aldea que esta formada principalmente por dos zonas con unas casitas de madera muy acogedoras con el tejado hecho de paja y barro. La mayoría están formadas por dos habitaciones, la cocina comedor, con el fuego en un rincón y la mesa en el centro y el dormitorio. Todo es muy sencillo, pero uno se da cuenta de la inmensidad de cosas innecesarias con las que vive en las ciudades. Este lleno de gallinas y polluelos revoloteando por los alrededores, también vive Carlos en la aldea, un loro que no puede volar y ellos lo alimentan.
No hay mucha gente en la comunidad ya que es sábado y los niños están en Pilcopata y los mayores también han ido a vender los productos al pueblo. Después de dejar las cosas y saludar a la gente vamos directos al río para remojarnos un poco, el río Queros pasa por al lado de la comunidad y como esta recién empezando la época de lluvias no baja muy fuerte aún. Alrededor de las 12 el calor es muy fuerte ya y resulta difícil moverse sin sudar. Después de comer nos estiramos un rato hasta que el sol afloje un poco.
Por la tarde salimos a dar una vuelta para conocer los distintos cultivos que tienen, principalmente se cultiva choclo y yuca en la zona, los principales alimentos de la aldea junto con lo que se caza cada día. En nuestro recorrido conseguimos ver un gallinazo, ave de la familia del cóndor, con su majestuoso vuelo.
Cuando el sol empieza a cae volvemos para cenar carne y yuca preparada en tupa, una trozo de caña que se pone directamente al fuego y cocina al vapor. La verdad es que se nota la diferencia y le da toque sabroso, este es el método que utilizaban antiguamente cuando no tenían ollas, y que aún perdura en la actualidad.
Después de cenar pasamos un rato mascando coca y fumando tabaco con otros hombres de la comunidad. Uno de ellos ha avistado un caimán en una laguna cercana y vamos a verlo, salimos cada uno con una linterna y esta lleno de insectos el camino. También empezamos a cazar unas ranitas que dicen que se comen, en un rato conseguimos unas 10 ranitas. Estas son muy bonitas con unos colores grises y amarillos. Este será nuestro desayuno de mañana.
El día siguiente nos despertamos con el sol en una tranquilidad muy reconfortante, nos damos una ducha y vamos a desayunar, una mujer de la comunidad ya nos tiene la comida lista, un poco de carne con yuca y las ranitas de la noche anterior. Después de comer abundantemente vamos a realizar una excursión por los alrededores, el camino cada vez se vuelve más estrecho y la vegetación te envuelve. Supongo que debe ser muy complicado mantener el camino limpio de plantas ya que la vegetación es muy tupida y de seguida avanza. No pierdo ninguna oportunidad de sacar fotos. Visitamos la tumba del curandero de la aldea que murió hace 4 años. Me explican un poco su vida, este siempre iba acompañado por un puma y es por este motivo que la tumba esta decorada con la figura de un puma en su cabeza. Por el camino de vuelta encontramos unos gusanos que me dicen que se comen también, esto si que me resulta bien extraño par mí, pero igual tengo ganas de probarlos. Después nos dirigimos a los cultivos de las plantas sagradas que utilizan para curar distintas enfermedades, la verdad es que con esta gran variedad de especies y un buen conocimiento de ellas se puede obtener casi cualquier remedio. Aquí la gente sabe aprovechar lo que la naturaleza les da para vivir y sin necesidad de maltratarla.
De vuelta a la aldea, hay taller de artesanía donde me enseñan como Construían las flechas antiguamente, a base de piedras para pulir, una caña y una madera resistente y dura para la punta. Es un trabajo que requiere paciencia, se debe ir trabajando la madera hasta reducirla a una forma cilíndrica que encaje dentro de la caña y después se debe afilar la punta. Realmente obtienen unas buenas flechas. Me enseñan a tirar en arco y al poco rato se me empieza a dar mejor y acabamos jugando un rato a hacer puntería.
Por la tarde hay otro taller, esta vez lo dan las mujeres, que me enseñan como hacen unas cestitas y unas bolsitas de un hilo sacado de las fibras de un árbol. Realmente es muy trabajoso hacer una bolsa de estas y me explican que no es muy rentable venderlas porque la gente no sabe el trabajo que conlleva. Se pueden demorar una semana para hacer una bolsa de unos 20 cm.
Hoy en la comunidad ya hay más gente, los niños son encantadores y divertidos. No paran de jugar conmigo, supongo que para ellos es algo muy especial que llegue alguien de afuera a la comunidad. Después nos vamos todos juntos al río a jugar un rato.
Empieza a ponerse el sol, cosa que indica que pronto cenaremos. Los gusanos están muy ricos, una grata sorpresa, al verdad. Después de un rato hablando, un hombre canta unas canciones en wachipaeri. El día ha sido completo y estamos cansados así que nos vamos pronto a dormir.
El día siguiente hay que regresar para Pilcopata y emprender el viaje hacia Cusco, por mucho que me desagrade la idea. Nos despertamos con el ruido de una lluvia intensa que me deprime en un primer momento. Luego lo acepto ya que no queda otra, vamos la escuela y me explican un poco el origen y las distintas tribus que habitaban la zona.
Vamos un rato a la casa de unos aldeanos para esperar que pare un poco la lluvia, cosa que me parece bastante improbable viendo como llueve y ya empiezo a pensar lo mojado que llegaré en el camino de regreso. Para mi sorpresa en unas horas para de llover y sale el sol un muy poco tiempo. Finalmente comemos algo con la tristeza de que ya se acaban la experiencia en la comunidad.
La verdad me gustaría poder quedarme a vivir una temporada en la comunidad para así realmente conocer a su gente y su modo de vida. Pero para ahora me es imposible, así que algún día volveré a Queros si me reciben para quedarme una temporada más larga.
Despedirme dando las gracias a Walter, Freddy y a toda la comunidad por haberme recibido y por haberme dado la oportunidad de conocer su gente, su cultura y su agradable comunidad.
Oscar

1 comentarios:
Disculpame pero honestamente no debiste poner esa foto, como se te ocurre pararte encima de los petroglifos, no sabes que estos se deterioran muy facilmente y que deberias promocionar que sean tratados cuidadosamente, pero en tu afan de figurar y tener una linda foto, te subes encima de ellos pisoteandolos, que poco sabes sobre el tratamiento que se le debe dar a este arte antiguo, que mal....
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