Comunidad Nativa de Queros - Reserva de Biosfera del Manu

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Perú, paraíso escondido entre las nubes

Por Lic. Gonzalo López Rodríguez

Perú.- Al caer la tarde de ese lunes 20 de mayo, un viento gélido fue el encargado de susurrarnos al oído que nos encontrábamos en Kasani, zona fronteriza entre Bolivia y Perú. En nuestra agenda estaba registrado que Perú, era el quinto y último país por visitar de toda la Comunidad Andina (CAN).

Estábamos consientes que teníamos por delante más de un centenar de kilómetros de viaje terrestre para llegar a Puno y de ahí a Cusco en busca de un encuentro con el Parque Nacional de Manu, pero antes, el sol quiso hacernos testigos del ritual sagrado de sus últimos sorbos de vida frente al Lago Titicaca anunciando el final de ese día. ¡Nuestra última aventura había comenzado!.

A medida que avanzaba el autobús que nos transportaba hasta la ciudad de Puno, un abanico de pueblos que albergan historia y tradiciones propias obsequiaban a la vista, paisajes de valles dorados de cebada que conjugaban con los hatos de ganado bovino y ovino.

Mientras la luna hacía sus preparativos para bañar con su luz esa región andina de Perú, el tiempo nos permitió tener un encuentro con Pomata, primera población de Puno, que nos mostró la belleza que guarda su Iglesia Santiago Apóstol, cuya construcción a base de piedra de granito rosado data de los siglos XVII y XVIII reflejando una arquitectura de estilo barroco-mestizo. Después del último sorbo de café de esa noche puneña, el pensamiento nuestro estaba fijado en que al día siguiente la hora señalada para partir rumbo a Cusco era a las 6:00 am.

Al promediar las 3:45 pm, llegamos al distrito Huancarani de la provincia Paucartambo (Cusco). De este punto hasta el inicio del Parque Nacional del Manu, nos resta un camino de tres horas y media, nos adelantó Hugo Pepper, gerente de Caimán Manu agencia de turismo especializado, mientras nos trasladábamos a otro motorizado.

Pero lo que no se había informado, era la experiencia cultural abrumadora que significaba para cualquier mortal común atravesar el milenario Valle Sagrado de Los Incas, ubicado a 32 kilómetros al Norte de la ciudad de Cusco y a 3 850 metros sobre el nivel del mar.

La ventanilla de nuestra nave de transporte permitía ver, por un flanco gigantescas montañas y, por el otro, profundidades casi sin fondo que pintaban paisajes impregnados de tradiciones que invitaban a hilvanar historias no contadas.

Ese viaje silencioso que se había transformado en una fábrica de pensamientos que nos transportaban a tiempos inmemoriales, fue interrumpido repentinamente por el grito de ¡alto, miren las chullpas!!!, efectuado por Leónidas Quiñones, guía naturalista del Parque Nacional de Manu.

En efecto, reunidas en la cima de una montaña ubicada a 3 750 msnm, se erguían más de 14 Chullpas de Ninamarca (tumbas preincas) construidas entre los años 1150 y 1250 a base de paja brava y tierra que se encontraban reunidas en el corazón de ese Valle Sagrado, como mudos testigos de la cultura Lupasa desarrolladas al norte del Lago Titicaca.

Aún no se había despejado el impacto del contacto cultural con las Chullpas de Ninamarca, cuando llegamos al Abra de Acjanaco ubicada a una altura de 3 530 msnm, prácticamente en las faldas del Parque Nacional de Manu, una de las reliquias naturales del Perú, cuya extensión supera los 1.5 millones de hectáreas y con una temperatura promedio de 18 grados centígrados.

¿Prefieren Llama Treck o ciclismo de montaña?, fue la pregunta que floto en el aire por unos instantes y que motivó a una parte del equipo de periodistas a que se inclinaran por el producto turístico Llama Treck (paseo en carroza tirada por uno o dos camélidos) y el resto por el ciclismo de montaña.

Al internarnos por la ruta que conducía al Parque Nacional Manu, de pronto nos vimos envueltos en nubes que descendían a descansar en la zona del denominado Bosque Nublado donde daba la impresión de que se fundían en un abrazo eterno con las gigantescas montañas. ¡Era real!!!, las nubes acariciaban las ventanillas del autobús que nos conducía a la zona de San Pedro, ubicada en las faldas del Manu, pulmón natural del mundo que guarda una incalculable riqueza de flora y fauna. En él, se concentran dos albergues y cuatro campamentos dedicados a la industria sin chimenea.

El reloj que marcaba las 8:00 pm, demostraba una vez más que nada detenía al tiempo. No obstante, una tierna llovizna que caía sobre nosotros combinado con el sonido de la cascada natural del albergue Manu Nature Tours, echó por tierra cualquier vestigio de cansancio provocado por las 14 horas de viaje en autobús desde que dejamos suelo boliviano.

Al día siguiente luego de visitar los albergues y posadas de San Pedro, cerca al medio día y con la emoción atorada en la garganta nos embarcamos en dos botes inflables. En un par de minutos de navegación, nos vimos ensopados por las aguas del Río Kcosñipata que condicionaba a aferrarse hasta con los dientes a cada embarcación, era la aventura del Canotaje (navegación en bote inflable por un río).

Remos en mano se afrontó el oleaje del río que condicionaba a esgrimir el mejor esfuerzo y sin bajar la guardia durante casi una hora para llegar a Puerto Atalaya que era la boca de entrada al pueblo Pilcopata. Ahí la comunidad nativa Queros y la de Huacaria nos mostraron que se encuentran en un proceso de incorporación comunitaria al ecoturismo de la región.

Luego de estar en medio de paradisiacos lugares del Parque Nacional de Manu, vivenciar el ritual matutino del gallito de las rocas, entrar en contacto con la naturaleza, hacer uno de los circuitos ecoturísticos más emocionantes, nos tocó emprender lo inevitable: ¡El retorno!. Al dejar atrás el bosque nublado fue como salir del vientre mismo del cielo en cuyas nubes bebimos un cóctel de aventuras inolvidables.

Entre los escenarios turísticos visitados por su riqueza y diversidad artesanal también estuvo el pueblo Pisac, ubicado a escasos 33 kilómetros de Cusco. También respiramos historia incaica pura al pisar el parque arqueológico de Saqsaywaman, cuyos circuitos para el turista incluyen los muros escalonados, el sector religioso, el cementerio inka y la explanada para la escenificación del Inti Raymi.

En el epílogo de nuestro retorno, el ruido del motor del autobús que nos transportaba a Cusco parecía ser absorbido por un silencio de complicidad por haber compartido los 20 días más atestados de vivencias inesperadas e inolvidables.

Los ocho periodistas de la Comunidad Andina (CAN), nos encontrábamos al filo del final del privilegio de palpar una pequeña porción de la magia de cada país miembro (Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú), dispuesto a mostrar al mundo su riqueza ecoturística y contar su historia en más de mil formas.

Fuente: El Mundo de Santa Cruz de Bolivia